Explorar zonas volcánicas puede ser una experiencia única, pero entraña riesgos específicos: gases tóxicos, vapores calientes, suelos inestables y fenómenos súbitos como explosiones freatomagmáticas o flujos de lodo.
Principales riesgos
- Gases tóxicos: dióxido de carbono (CO2), sulfuro de hidrógeno (H2S), dióxido de azufre (SO2) y vapores ácidos, los cuales pueden irritar, provocar desmayos o incluso resultar letales cuando se acumulan en zonas cerradas o depresiones.
- Vapor y temperaturas extremas: las fumarolas liberan vapor sobrecalentado y agua ácida capaz de producir quemaduras tanto térmicas como químicas.
- Suelos inestables y cortezas frágiles: la capa de barro volcánico puede aparentar firmeza, pero romperse con facilidad; las costras suelen ocultar cavidades o agua en ebullición bajo la superficie.
- Colapso de canales y cárcavas: la inestabilidad del terreno facilita que ocurran hundimientos o deslizamientos repentinos.
- Acumulación de gases en zonas bajas: el CO2, al ser más denso que el aire, tiende a estancarse en áreas deprimidas y puede causar asfixia sin emitir olor alguno.
- Eventos súbitos: descargas inesperadas, explosiones de vapor y erupciones fumarólicas pueden manifestarse sin previo aviso.
Antes de la caminata: planificación y permisos
- Informarse sobre la actividad volcánica: verificar con el organismo geofísico o la autoridad local el estado de alerta y las recomendaciones actuales.
- Revisar condiciones meteorológicas: la velocidad y dirección del viento condicionan cómo se dispersan los gases; la lluvia y la niebla disminuyen la visibilidad y favorecen deslizamientos.
- Obtener permisos y guía local: en zonas reguladas se exige autorización o un guía acreditado; estos profesionales identifican rutas seguras y advierten sobre posibles riesgos.
- Plan de emergencia y comunicación: comunicar a una persona de confianza la ruta prevista y la hora estimada de regreso; portar un medio de comunicación y un equipo de posicionamiento satelital.
- Formación básica: si el área presenta presencia de gases, valorar una capacitación para reconocerlos y emplear correctamente equipos respiratorios.
Equipo recomendado
- Ropa protectora: botas altas impermeables con buena resistencia térmica, prendas de manga larga para brazos y piernas, guantes robustos y gafas diseñadas para resguardar de polvo y vapor.
- Protección respiratoria: mascarilla reutilizable equipada con cartuchos adecuados para gases ácidos (SO2, H2S) y un filtro de partículas de alta eficiencia; como opción adicional, detectores portátiles capaces de medir CO2, H2S y SO2.
- Material de seguridad: casco de protección, bastones de trekking para verificar la estabilidad del terreno, además de cuerda y elementos básicos de rescate cuando el itinerario lo requiera.
- Botiquín y agua: suficiente agua para hidratarse, vendas estériles, apósitos para quemaduras, una manta térmica y analgésicos esenciales.
- Herramientas electrónicas: linterna, batería externa y un equipo de posicionamiento satelital.
Conducta durante la caminata
- Respetar señales y senderos: seguir únicamente las rutas indicadas y mantenerse apartado de las fumarolas y de las pozas de barro en ebullición.
- Evaluar el terreno: comprobar con un bastón antes de avanzar sobre costras; evitar transitar por superficies que crepiten o en áreas donde se observen emanaciones.
- Mantener distancia segura: colocarse a decenas o incluso cientos de metros conforme a la intensidad de la actividad; ante olores fuertes a azufre o ruidos notorios, ampliar la separación.
- Viento y posición relativa: ubicarse siempre con el viento a favor, de modo que disperse los gases en dirección contraria, y no permanecer en hondonadas donde puedan concentrarse.
- No permanecer cerca de fumarolas: evitar estancias prolongadas, ya que incrementan el riesgo; alternar turnos y limitar la presencia en zonas con aromas intensos o manifestaciones como lagrimeo, tos o aturdimiento.
- Observar a los compañeros: los signos de exposición abarcan dolor de cabeza, mareo, irritación en ojos o garganta, náuseas y somnolencia; ante cualquiera de ellos, retirarse de inmediato.
Primeros auxilios específicos
- Exposición a gases: trasladar de inmediato a la persona hacia un área con aire limpio, mantenerla en posición vertical, limitar cualquier esfuerzo y pedir asistencia médica. En caso de desvanecimiento, verificar la respiración y llamar a los servicios de emergencia.
- Quemaduras por vapor o agua ácida: refrescar la zona afectada con agua corriente durante unos 10–20 minutos siempre que sea viable; evitar el uso de cremas y no romper ampollas; cubrir con un apósito estéril y acudir a un centro médico.
- Asfixia por CO2: sacar a la víctima del área hundida donde el gas se haya concentrado; el suministro de oxígeno debe realizarse únicamente por personal autorizado; solicitar atención urgente.
- Contaminación por ropa o material: quitar cuidadosamente las prendas impregnadas para impedir el contacto con piel sana; enjuagar con abundante agua; acudir a evaluación médica si existen quemaduras químicas.
Instrumentos de monitoreo y señales de alarma
- Detectores portátiles: un multímetro de gases capaz de medir CO2, H2S y SO2 resulta sumamente útil; ante cualquier registro fuera de rango, se debe evacuar el área.
- Síntomas personales: molestias en ojos o vías respiratorias, gusto metálico o la percepción de “olores intensos” funcionan como advertencia para alejarse.
- Cambios en la actividad del terreno: la aparición de fisuras recientes, un incremento del vapor, ruidos provenientes del subsuelo o variaciones repentinas de temperatura revelan un riesgo inmediato.
Casos y datos ilustrativos
- Acumulación de CO2 en depósitos cerrados: episodios documentados, como los registrados en lagos de Camerún, evidenciaron que el dióxido de carbono puede desplazarse y provocar asfixia en comunidades situadas en valles o hondonadas; esta situación demuestra el riesgo que representan las áreas bajas y confinadas próximas a zonas con emanaciones volcánicas.
- Erupciones freatomagmáticas inesperadas: en diferentes regiones del planeta, personas que se aproximaron a fumarolas o cráteres han padecido quemaduras severas debido a liberaciones súbitas de vapor y material expulsado. Estos sucesos remarcan la necesidad de mantener distancia y de contar con guías locales autorizados.
- Datos de exposición: las concentraciones de gases generan efectos según su rango: valores reducidos producen irritación; niveles moderados ocasionan náuseas, cefalea y dificultades respiratorias; concentraciones elevadas pueden inducir pérdida de la conciencia. Por ejemplo, porcentajes de dióxido de carbono que alteran la respiración y la claridad mental exigen una evacuación inmediata.
Buenas prácticas para minimizar impacto ambiental y riesgos
- No introducir objetos ni extraer muestras: manipular rocas o entrar en contacto con superficies muy calientes puede modificar el entorno y representar un riesgo.
- Evitar alterar vegetación y suelos: estos espacios termales contienen ecosistemas delicados; es recomendable permanecer en los senderos para conservarlos.
- Informar hallazgos: comunicar nuevas emanaciones, variaciones en el terreno o cualquier incidente a las autoridades científicas locales contribuye a reforzar la seguridad de todos.
- No introducir objetos ni extraer muestras: mover rocas o tocar áreas de alta temperatura puede alterar el medio natural y poner en peligro a las personas.
- Evitar alterar vegetación y suelos: los entornos termales poseen microecosistemas sensibles; conviene circular únicamente por los caminos establecidos para su protección.
- Informar hallazgos: avisar sobre emanaciones recientes, transformaciones del terreno o sucesos similares a las autoridades científicas locales ayuda a mejorar la seguridad colectiva.
Guía útil para revisar antes de partir
- Revisar el nivel de alerta volcánica junto con el pronóstico del tiempo.
- Corroborar los permisos y, de ser viable, solicitar el acompañamiento de un guía local acreditado.
- Comprobar el equipo: calzado resistente, casco, guantes, gafas, mascarilla con cartuchos para gases ácidos y filtro de partículas, detector portátil de gases, botiquín, suficiente agua y dispositivo de ubicación.
- Definir un plan de comunicación y establecer un punto de reunión.
- Organizar grupos y fijar señales de evacuación urgente.
- Revisar el nivel de alerta volcánica junto con el pronóstico del tiempo.
- Corroborar los permisos y, de ser viable, solicitar el acompañamiento de un guía local acreditado.
- Comprobar el equipo: calzado resistente, casco, guantes, gafas, mascarilla con cartuchos para gases ácidos y filtro de partículas, detector portátil de gases, botiquín, suficiente agua y dispositivo de ubicación.
- Definir un plan de comunicación y establecer un punto de reunión.
- Organizar grupos y fijar señales de evacuación urgente.
La seguridad en terrenos volcánicos depende tanto del conocimiento técnico como del sentido común: anticipar, minimizar tiempo de exposición y respetar las limitaciones del entorno reduce drásticamente el riesgo. Explorar con respeto por los signos, con equipamiento adecuado y siguiendo protocolos locales permite disfrutar de paisajes únicos sin poner en juego la salud ni el patrimonio natural que se visita.
